Els joves de Saó al costat de la gent gran

Aquests dies en què no podem sortir al carrer ni fer activitats a l’exterior, molts avis i àvies que estan sols senten especialment el pes d’aquesta solitud. Són el col·lectiu més vulnerable davant la pandèmia de la Covid-19 i els espanta la incertesa. Alguns joves participants dels projectes de Saó coneixen bé aquesta sensació, han passat per moments difícils i rebre l’acompanyament d’educadores i educadors ha significat molt per a ells.

És per això que alguns d’ells han decidit col·laborar com a voluntaris en la iniciativa “Antenes. Al Prat no estic sol/sola”, un projecte comunitari promogut pel Servei d’Acció Social de l’Ajuntament del Prat, que ha incrementat la seva acció durant aquests dies de confinament, reforçant l’equip de persones voluntàries per tal d’atendre les necessitats d’acompanyament, conversa o suport emocional de les persones grans en situació de solitud no desitjada.

El projecte facilita el vincle del voluntari amb la persona gran a través del contacte telefònic, i són ells qui decideixen pactar quantes trucades es faran durant aquests dies.

A Saó vam fer una crida entre les persones usuàries dels diferents projectes de l’entitat, i de seguida es van animar molts joves amb ganes de col·laborar i fer costat als avis i àvies del Prat. Entre les 24 persones interessades hi ha l’Andrés, un jove de 27 anys que participa al projecte d’Inserció Laboral de Saó. L’Andrés ens explica què l’ha mogut a implicar-se i com està vivint l’experiència en aquesta entrevista:

– ¿Cómo estás viviendo el confinamiento?

En referencia a mi vida personal me está sirviendo para conocerme a mí mismo, hacer un ejercicio de autoconocimiento e invertir tiempo en cuestiones personales. Invierto el tiempo que tengo ahora para poder arreglar algunos asuntos que antes dejaba en “stand by” por todos los estímulos externos que tenía cuando llevaba una vida normal: las rutinas, salir a la calle, las clases, la preocupación por el colegio de la niña, por el piso…. Y me está sirviendo para crecer como persona. Y también estoy haciendo una reflexión a nivel social, sobre el mundo, sobre cómo está la situación y por qué hemos llegado a este punto. Intento analizar cuáles son los fallos que, desde mi punto de vista, veo que proyecta la sociedad, para poder abordar el tema y las carencias que existen, que son muchas.

– ¿Con quién lo compartes?

Estoy compartiendo el confinamiento con mi pareja y con mi hija, que la tengo cada dos semanas, una semana si y una semana no, y la perrita que tenemos en casa.

– ¿En qué situación personal y laboral te encuentras?

Pues estoy en paro, en una situación bastante precaria. Estoy estudiando inserción social, estoy en 1r curso. Estaba trabajando, dejé el trabajo para poder estudiar y mi máximo objetivo es acabar, sacarme la titulación y poder empezar a trabajar en el mundo social.

– ¿Por qué te apuntaste a este voluntariado?

Pues me interesó mucho porque me resultaba un reto. Primero de todo poder mantener una conservación y establecer una relación con una persona mediante el teléfono, sin imágenes, sin prejuicios, sin ideas preconcebidas, solo escuchando una voz e imaginando lo que tienes al otro lado. Y también porque me parece muy injusto, que ante semejante situación, las personas más vulnerables lo pasen de peor manera y más porque están solas. Creo que la soledad es una de las peores cosas del mundo, sobre todo una soledad no deseada.

– ¿Es la primera vez que haces un voluntariado?

No, no es la primera vez. El verano pasado hice uno, dentro de un Centro Abierto de adolescentes. Estuve dando unas clases de boxeo a unos jóvenes de entre 13 y 17 años y estuvo muy bien la experiencia, me gustó mucho.

– ¿Cómo fue la primera llamada?

La primera llamada fue para conocer el terreno, ver cómo estaba, presentarme, saber cómo se llamaba ella, y saber la predisposición que tenía y si estaba contenta por mi llamada. También para conocer sus horarios, saber qué le gusta hacer, para que la llamada no fuera una obligación sino un acto lúdico del día.

– ¿Qué te transmitió ella?

Me transmitió que necesita contacto humano, necesita establecer más relaciones con las personas. Está muy sola y tiene mucho que decir, y eso a ella le pesa porque está sola sin quererlo. Desde el primer momento fue todo muy fluido, no costó nada entablar confianza y tratar los temas. Fue un desahogo para ella, yo creo.

– ¿Cómo vive ella el confinamiento?

Por lo que a mí me explica, muy complicado. El piso donde vive es muy pequeño, no está adaptado al nivel de autonomía que ella tiene. Es una señora mayor, de 73 años. Le cuesta desplazarse, tiene Parkinson, y no puede hacer muchas de las actividades diarias ella sola, como por ejemplo comer. Se está alimentando de una manera muy pobre, a base de bocadillos, porque no puede cocinar. Lo está pasando muy mal, es muy injusto que en esta situación tan difícil, haya personas que lo puedan estar pasando peor aún. Yo dentro de lo que cabe tengo la compañía de mi pareja, tengo a mi hija, y físicamente estoy bien; soy joven, me entretengo, pienso, leo, hago ejercicio, pero ellas, no tienen la oportunidad de hacer todo eso y me sabe muy mal.

– ¿Sientes que el teléfono os acerca?

Sí que acerca, sí. Yo nunca he sido una persona de llamar, sinceramente, soy una persona que le gusta hablar las cosas en persona, porque me gusta mirar, gesticular, ver los gestos de la otra persona, y por teléfono es una comunicación bastante extraña porque solo está la voz. Tienes que hacer un muy buen uso de la voz, enfatizar, no estar mucho rato en silencio porque parece que no haya nadie al otro lado. Y mantener una conversación muy ordenada porque no puedes hablar uno encima del otro. Estoy aprendiendo a apreciar el tono de voz, la elevación del tono, o como cambia a ser dulce. Al principio, la llamaba, contestaba de una manera y ahora cuando yo la llamo, cuando sabe que soy yo, tiene un tono más amable, más tranquilo.

– ¿Habéis establecido alguna rutina de llamadas?

La estoy llamando 2 veces al día. La llamo por la mañana, para preguntar cómo ha dormido, cómo fue la noche, si esta descansada y que se levante con una llamada. Entonces, desde mi punto de vista, cuando te levantas y ya has establecido relación con otra persona, el día se puede encarar mejor. También la llamo por la tarde a eso de las 19h.

– ¿De qué habláis?

Pues hablamos de muchas cosas, de temas muy diversos, de sus recuerdos de la infancia y de los míos. De su familia, de mi familia, de política, de historia, de televisión, de series, de todo. Es una persona con la que se puede hablar mucho, una mujer muy interesante.

– ¿Hasta cuándo durará este voluntariado?

No sé, yo le estoy cogiendo mucho cariño y me lo estoy pasando muy bien, así que por mi parte yo lo alargaría hasta después del confinamiento, sobre todo conociendo la situación de Carmen.

– ¿Te gustaría seguir con este tipo de voluntariado?

Sí, me parece muy bonito y me parece que enriquece mucho a las personas. A mí me está llenando porque dedicar tiempo a otra persona de esta manera es muy bonito. Es lo que le dije a ella: yo no la llamaba para hacerle compañía, la compañía es mutua. Ha habido días que la he llamado y me ha arreglado la mañana, porque ya he sentido que estaba con alguien, por lo tanto, igual que yo la ayudo a ella, ella también me está ayudando a mí.

– ¿Qué esperas que pase después del confinamiento?

Espero que se cree un punto de inflexión a nivel social, que las estructuras de esta sociedad, en cuanto a valores, a filosofía de vida… den un giro. Si algo va mal en este mundo es la poca empatía que existe y la poca sensación de unión. No trabajamos unidos, así se han creado clases sociales, 50 mil etiquetas que lo único que hacen es separarnos y ver el problema de otro solo como su problema. Y el problema de otro también es mi problema, porque estamos en una sociedad y es un conjunto. Espero que después de todo esto entendamos que lo que le puede afectar al vecino, mañana también me puede afectar a mí, y entonces, luchemos todos para que el vecino esté bien y para que yo lo esté también. Ver más allá de lo que yo pueda llegar a sentir, y ver que los que hay a mi alrededor también sienten y tener en cuenta eso, que lo importante es estar bien, todos en armonía. Espero que la sociedad aprenda de esto.



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